Domingo de Comunion Mundial

por Aquiles Ernesto Martínez

La sociedad en la que vivimos ha procurado dar un espacio a sus miembros para su crecimiento y auto-realización, pero este principio no siempre ha sido honrado. Muchos han sido privados de privilegios y beneficios. A partir del 11 de septiembre del 2001, “los indocumentados” han sido vctimas de rechazo, vejación [maltratos] y leyes. Por desgracia, muchas iglesias se han unido a este esfuerzo por negarles amistad y hospitalidad.

Teológicamente, toda persona es merecedora de un trato justo y digno por haber sido creada por Dios (Gn 1:26). Además, en Cristo no hay “extranjeros” o “ciudadanos”; todos son iguales (Gá 3:26-29; Ef 2:19). Mientras que nuestros gobiernos nos clasifican como “ciudadanos”, “residentes legales”, “refugiados”, “asilados” e “indocumentados”, y toma muy en serio estas clasificaciones, el Señor hace lo opuesto; más bien se parcializa por quienes sufren y procura su bienestar, precisamente por el estado de marginalización y vulnerabilidad en que se encuentran. Por esta causa, Dios denuncia la opresión de “los extranjeros” (Ex 22:21; 23:9; Sal 39:12; 146:9; Jer 7:6; 22:3; Am 9:13-15; Zac 7:10; Mal 3:5) y nos anima a satisfacer sus necesidades básicas (Lv 19:9-10; 23:22; Dt 10:18-19). Al venir aquí en búsqueda de una vida mejor, los indocumentados frecuentemente encuentran odio, temor, ignorancia y rechazo. Son desterrados, víctimas de escasez y privados de beneficios sociales en ambos lados de la frontera. De allí que necesiten de amigos y anfitriones que combatan la xenofobia y de legislación que les proteja de injusticias.

Ser hospitalario es tanto una virtud como un imperativo ético para todos los cristianos (Job 31:32; Ro 12:13; 15:7; Stg 2:21-26; 1 P 4:9; el Pastor de Hermas, Mandamientos 8.10 y Parábolas 9.27,2); es una muestra del amor que tenemos por nosotros mismos (Heb 13:2; 1 P 4:8-9). Al extranjero debe tratársele como si fuera uno de nosotros (Lv 19:33-34). Jesús fue el anfitrión ideal ya que él dio la bienvenida a “lo peor” de la sociedad (Mt 11:19; Lc 4:18-19; 14:1-24; 2 Co 8:9). Recibir a viajeros es una cualidad indispensable para ejercer el liderazgo espiritual (1 Ti 3:2; Tit 1:8). Ser seguidores de Cristo, entonces, es abrir el corazón a quienes por esta vida deambulan como peregrinos en busca de un hogar.

La iglesia es una y universal. Sus puertas deben siempre estar abiertas. Todos deben sentarse a la misma mesa sin importar su condición social. De allí que, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, la Iglesia Metodista Unida haya apartado el primer domingo de octubre para recordarnos que debemos ser y actuar como anfitriones de todos y para todos.

Sugerencias litúrgicas.

Por cuanto el Domingo de Comunión Mundial se celebra durante el mes de la hispanidad, sería bueno recalcar en este día que somos parte de “la raza humana” y que debemos recibirnos los unos a los otros. Como muestra de unidad e inclusividad, sugiero que el culto tome lugar donde se realizan convivios o actividades de compañerismo. Bajo el lema “La mesa está servida”, les animo a celebrar la Cena del Señor junto con el ágape (o “fiesta del amor critiano”), para lo cual deben traerse platillos y bebidas de diferentes partes del mundo e invitarse a familias desamparadas de varias culturas.

Llamado a la adoración.

Líder: Nos hemos reunido hoy para reafirmar que somos parte de un encantador tapiz tejido en la imagen y semejanza de un colorido Dios.

Niños: Cada uno de nosotros es diferente, único e invalorable, pero el nexo sagrado que nos une es aún mayor: ¡Somos todos hijos del mismo Dios!

Niñas: Como miembros de la misma familia de trasfondos diversos, hemos sido llamados a amarnos y servirnos los unos a los otros. Jesús nos mostró el camino que debemos seguir.

Hombres: Sin embargo, muchas veces cerramos nuestros corazones y hogares a los extranjeros o a quienes nada tienen. Rehusamos darles la bienvenida con una sonrisa a flor de labio y brazos abiertos de par en par.

Mujeres: Perdónanos, Oh Señor, y ayúdanos a ser generosos con los peregrinos, siempre recordando que al darles la bienvenida en realidad estamos recibiendo tus ángeles.

Todos: Que al adorarte en este día podamos escuchar de nuevo el mensaje que tú eres el Dios que acepta y recibe incondicionalmente a todos los seres humanos y que esperas que nosotros hagamos lo mismo. ¡Qué la fiesta del día de hoy nos permita celebrar y encarnar tu infinita bondad!

Oración.

Por nuestras historias y culturas,
razas, idiomas, arte y dulzura.
Por hermanos de otros pueblos
infantes, niños, jóvenes, abuelos.
Por tantos tíos, padres y madres
yernos, nueras, primos, compadres,
padrinos, vecinos, madrinas, amigos.
Te damos gracias y te bendecimos.
Ayúdanos a abrir nuestros corazones,
todas nuestras mentes por millones,
puertas de vida al prójimo en alegría.
Sé vigía y guía en hospitalaria travesía.

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