Home Equipping Leaders Hispanic / Latino Guía para la facilitación: Conversaciones valientes en tu grupo pequeño/la escuela dominical

Guía para la facilitación: Conversaciones valientes en tu grupo pequeño/la escuela dominical

(Este recurso complementa el material: «Cómo tener una conversación valiente en un grupo pequeño o la escuela dominical»).

Tomarse el tiempo para planificar una conversación valiente demuestra intencionalidad y la importancia de la discusión. El uso de un facilitador capacitado/una facilitadora capacitada contribuye, en gran medida, a establecer el ambiente adecuado en la que se les da poder a los participantes y se apoya al diálogo. Por su presencia y comportamiento, los facilitadores experimentados pueden enfocar y elevar las conversaciones. El uso de un pacto grupal y un facilitador experimentado prepara el escenario para una conversación enriquecedora. En tal entorno, los participantes están facultados para expresar sus opiniones. Como resultado, los participantes en la discusión, a menudo, desarrollan empatía, nuevas habilidades para tener la conversación y un entendimiento más profundo.

El facilitador/la facilitadora conoce su papel/rol. La raíz latina de la palabra «facilitador» significa hacer fácil. Ron Kraybill y Evelyn Wright la definen como alguien quien «ayuda a hacer que el trabajo del grupo sea más fácil y eficaz, al servir como guía neutral del contenido para el proceso».1

Una buena facilitadora es como una jardinera. Los jardineros riegan las plantas con cuidado, pero tienen cuidado de no regar demasiado. Un buen facilitador guía la conversación, mientras hace un equilibrio al dar poder a los participantes. Los jardineros eliminan las malas hierbas y permiten que los nutrientes del suelo alimenten a las plantas. Los facilitadores se aseguran de mantener la conversación en curso, y no se pierda entre «las malas hierbas». Los jardineros saben que para que ocurra un crecimiento real, deben estar al tanto de lo que sucede debajo de la superficie. Los buenos facilitadores saben cómo aliviar las tensiones cuando salen a la superficie, así como empujar a los participantes a profundizar en la conversación cuando solo dan respuestas superficiales.

Los facilitadores son conscientes de que la preparación es la clave para la facilitación eficaz. Anticipan las preguntas, áreas de posibles malentendidos o posibles puntos de conflicto. Al anticipar las preguntas y áreas de confusión, el facilitador puede preparar y proporcionar recursos adicionales relacionados con las preguntas. Al anticipar los puntos de conflicto, la facilitadora estará mejor preparada para moderar la discusión, y evitar que las tensiones se intensifiquen a niveles tóxicos.

Dependiendo de la configuración de su grupo, puede ser útil preparar una hoja de ruta/mapa o un plan para la conversación. Esto NO significa preparar un guion rígido para la discusión. Por ejemplo, es posible que desee examinar algunas Escrituras del Antiguo Testamento relacionadas con su tema, y luego asegurarse de que las Escrituras del Nuevo Testamento también reciban el tiempo y la consideración adecuados. Es posible que desee planificar el tiempo para grupos grandes y pequeños, así como para la reflexión individual. Esto podría significar el uso de técnicas y estrategias de conversación para ayudar a escuchar y a dialogar. (The Little Book of Cool Tools for Hot Topics proporciona una serie de modelos.) Para temas desafiantes, recurra a recursos tales como los «Principios Sociales» en el Libro de Disciplina y The Book of Resolutions. En resumen, tenga un plan sobre cómo debe progresar la conversación y el uso de los recursos apropiados sin llevar al grupo a una conclusión específica.

Una vez hecho el trabajo de preparación, las tareas principales dentro del grupo del facilitador/la facilitadora son: moderar el diálogo, controlar el tiempo y asegurarse de que se cumpla el pacto. La persona facilitadora no tiene que ser la única responsable de estas tareas. El grupo también debe hacerse cargo. Al delegar a otra persona el rol de cronometrador o llevar el tiempo, el facilitador puede enfocarse más en la conversación y darle a un/una participante ser parte del cargo compartido del éxito del grupo. En particular, la facilitadora no es responsable de ser la «experta» en el salón. A veces, quien tiene el rol de facilitar una conversación tiene que redirigir o reenfocar al grupo en el tema principal si un participante (o grupo) comienza a seguir una línea de pensamiento diferente. Repetir la pregunta original o el pensamiento pertinente más reciente puede ser una técnica útil para estas situaciones.

Como moderador, la persona facilitadora podría señalar que alguien está usando el lenguaje «usted/tú», recordarle al grupo el pacto y pedirle a esa persona que se abstenga de reclamar la voz de otra persona o de generalizar las creencias de otro grupo.

Un buen facilitador o facilitadora también se asegurará de que quienes quieran hablar tengan la oportunidad de hacerlo, y que el grupo no esté dominado por unas pocas voces. Una «vara o bastón del habla» a veces es útil para facilitar las conversaciones. Esta «vara o bastón» se pasa, y solo la persona en que la sostiene puede hablar. El reloj de arena de tres minutos también es un dispositivo útil, que identifica de quién es el turno de hablar y mantiene al hablante consciente del tiempo.

Los buenos facilitadores hacen preguntas de seguimiento para profundizar la conversación. Un facilitador/facilitadora podría preguntarse: «¿Cuál es la pregunta detrás de esta pregunta?», o, «¿Cuál es la suposición detrás de esta declaración?». Otro consejo es escuchar las emociones de los miembros del grupo. El facilitador/la facilitadora podría decir: «Parece que te estás enojando. ¿Por qué crees eso?». A veces, un facilitador puede necesitar pedirle a un participante que reformule la pregunta o la declaración con un tono de voz diferente. Cuando se da una respuesta esperada o superficial, la facilitadora puede decir: «¡Bien! ¿Qué más podemos añadir?», o, «Me gusta ese pensamiento. Por favor, abunda más sobre lo que estás diciendo». Las preguntas de seguimiento pueden desafiar a los participantes y al grupo a reflexionar más profundamente.

Los facilitadores no deben temer al silencio. El silencio puede significar que los participantes están procesando comentarios recientes, y formulando respuestas nuevas y más profundas. El silencio puede significar que los introvertidos del grupo se están armando de valor para hablar. El silencio, a veces, puede ser un indicador de que está por ocurrir un momento decisivo.

A veces, es necesario que el facilitador sea el «opositor», si la conversación parece ser unilateral u homogénea. Esto significa que la facilitadora habla desde el «otro» lado, o presenta una perspectiva diferente que no está representada en el grupo para profundizar y enriquecer la conversación. Las conversaciones unilaterales proveen poco aprendizaje y crecimiento. Si el papel del opositor/opositora es necesario, entonces, el facilitador/la facilitadora debe explicarle al grupo que él o ella va a desempeñar ese papel, y que eso no tiene nada que ver con sus propias perspectivas o creencias.

Una de las funciones más difíciles que tiene que afrontar el facilitador/la facilitadora es ayudar al grupo a diferenciar entre una opinión y un hecho. Los «hechos» pueden interpretarse de diversas formas, y aún ser todas válidas. Discernir los hechos se está volviendo más complicado en la era de la información. Además, interpretar la Biblia es, a menudo, una tarea más difícil de lo que creemos. La realidad de la existencia de una multiplicidad de denominaciones es testimonio de este hecho. A veces, el facilitador/la facilitadora necesitará reducir la velocidad de la conversación, ayudar al grupo a localizar nuevas fuentes de información, o incluso, señalar más allá de los hechos, los sentimientos que están debajo de la superficie.

Esperamos que este documento haya demostrado la necesidad de contar con buenos facilitadores capacitados para hacer que las conversaciones difíciles sean más fluidas. No obstante, el tener facilitadores experimentados no garantiza que las conversaciones no se salgan de control. Los participantes pueden incluso, recurrir a los insultos o salir furiosos del salón de reunión. Como señala Santiago con respecto a la condición humana: «De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así» (Santiago 3:10, NVI). Un entorno que hace que las conversaciones sean más fáciles es una bendición y, los facilitadores contribuyen en gran medida a preparar ese entorno.


1The Little Book of Cool Tools for Hot Topics: Group Tools to Facilitate Meeting When Things Are Hot Ron Kraybill & Evelyn Wright (Good Books, 2007), 7.


Coautores:

Revdo. Chris Barbieri, ministro diaconal de la Conferencia Anual Georgia Norte. Actualmente, se desempeña como pastor interino de St. Andrews UMC, en Carrollton, Ga.

Rev. M. Scott Hughes, secretario general asociado, Unidad de Programación Estratégica, Ministerios de Discipulado, Iglesia Metodista Unida.

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